A raíz de la propagación del desierto debido a las deforestaciones, el uso excesivo de las tierras y los cambios climáticos, en 1952, el ingeniero forestal Richard Sr. Barbe Baker sugirió la idea de crear una muralla verde de casi 8,000 kilómetros de largo y 15 de ancho para atravesar todo el continente africano, desde las fronteras de Senegal y Yibuti.

El presupuesto es de 3.700 millones de euros, pero es sumamente necesaria para evitar una catástrofe humanitaria; ayudaría a reducir la tasa de hambre que existe en los más de once países africanos que abarcaría. Entre estos están Burkina Faso, Yibuti, Eritrea, Etiopía, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal, Sudán y Chad.

Sólo se ha completado un 15% de la muralla en 9 años, pero esto ha aportado ya muchos beneficios. En Senegal se han recuperado 27,000 hectáreas de tierra perdida, siendo el país más avanzado en el proyecto. Estas tierras, han permitido que la gente de las comunidades aumenten sus ingresos y produzcan alimentos para sus familias.

Otros pueblos, como el Fulani que es de las comunidades nómadas más grandes del mundo, tenían que avanzar miles de kilómetros para poder obtener alimentos, pero desde el 2010 han reducido considerablemente estas movilizaciones gracias a las zonas verdes que han incrementado por la Muralla Verde.

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